Amazonia: de la reducción de la deforestación hacia una agenda de crecimiento verde

amazonia
La Amazonia viene siendo escenario de esfuerzos exitosos en la reducción de deforestación, llevados adelante en los últimos años. Ello estuvo ampliamente determinado por factores domésticos y, de hecho, el éxito en la reducción de la deforestación no ha estado vinculado a ningún mecanismo de compensación internacional.
Asociadas a este proceso, existen varias novedades positivas para la región:
– Fuerte caída de la producción de madera en postes, que deja de ser el “villano” de la deforestación;
– Crecimiento de la producción de MDF de selva plantada en la Amazonia;
– Cierre de la frontera y las restricciones a la deforestación, que generan presiones hacia un salto de eficiencia en la producción pecuaria;
– Creación de un gran número de unidades de conservación y el inicio del cobro de multas a infractores a partir del año 2008;
– Creciente participación y activismo de los gobiernos provinciales y municipales de la región en la implementación de políticas de reducción de la deforestación, reflejando una tendencia que se observa en todo el país;
– Mayor pragmatismo de movimientos sociales y ambientales con relación a las fuerzas de mercado, lo que ha permitido avanzar en el debate entre stakeholders acerca de las inversiones y su “derrame” hacia las poblaciones locales; y
– Fuerte crecimiento de inversiones en la Amazonia, en diferentes sectores económicos. De hecho, existe un alto potencial para la diversificación productiva con baja emisión de carbono en la región (ej: producción de “dendé”, que ya está expandiéndose en la región).
Este conjunto de evoluciones positivas parece crear condiciones para la discusión de una agenda para la región que, además de reducir la deforestación, abarque otros temas relacionados al desarrollo regional, tales como los impactos locales de las grandes inversiones en infraestructura, la diversificación productiva “verde” y las asociaciones locales entre sector privado, gobierno (provinciales y municipales) y sociedad civil, para implementar dicha agenda.
La relevancia de esta agenda, que de manera optimista podría denominarse “agenda pos deforestación” de la Amazonia, se relaciona entre otras cosas con el hecho de que se encuentra en la intersección -en un territorio dado– de las agendas agrícola, energética y de infraestructura.
Con relación a las grandes obras de infraestructura –esencialmente, construcción de hidroeléctricas– y de los grandes proyectos y minería, las preocupaciones que emergen son las siguientes:
– Dichos proyectos tienen un potencial impacto social y ambiental muy elevado en la región. En este sentido, la cuestión central es cómo esas grandes inversiones “aterrizan” en la región, toda vez que hay un trade off importante entre el aprovechamiento de oportunidades económicas y el agravamiento de los riesgos ambientales y sociales; y
– En general, faltan políticas de desarrollo regional y local, y el foco de las decisiones de política no van más allá de la lógica de la obra de ingeniería, cuando en realidad, desde el punto de vista social y ambiental, el problema es lo que sucede durante y después de las obras

En lo que se refiere a la diversificación productiva verde, se puede constatar que el elevado valor económico (potencial) de las selvas no ha sido capturado por las políticas púbicas y que todavía hay escasas iniciativas reales en el área de servicios ambientales. A pesar del incremento en el número de proyectos entre empresas y comunidades locales amazónicas, en paralelo a la implementación de inversiones, existe la percepción de que el valor de la biodiversidad todavía no fue internalizado por los stakeholders de la región.
En general, dichos desafíos remiten al hecho de que el ambiente político e institucional todavía es complejo en la Amazonia para el desarrollo de una economía sustentable y para la implementación de las estrategias de diversificación verde.
Por un lado, es innegable la importancia del cuadro institucional y de gobernanza para la implementación de la agenda de desarrollo verde en la región (regularización del uso de la tierra; registro agrario, pago por servicios ambientales, etc.). Por otro lado, se constatan efectos negativos de la fragmentación de la gobernanza de acuerdo a líneas de intereses sectoriales y las dificultades para llevar adelante agendas que focalicen en la producción de bienes públicos y en temas transversales que requieren coordinación institucional.
Existe una elevada heterogeneidad de visiones y perspectivas en el gobierno con relación a la agenda regional: hay visiones y posiciones diferentes y enfrentadas en cuanto a la construcción de hidroeléctricas y a los grandes proyectos de minería en la Amazonia, lo que refleja intereses sectoriales específicos, presiones empresariales, etc.
Por último, es indiscutible que las inversiones y la logística asociada a la Amazonia ya no pueden ni deben ser pensadas como referencia exclusiva del territorio brasileño. Es necesario poner atención en los impactos transfronterizos de esos procesos, sus implicancias, incluso en términos regulatorios, adoptándose una perspectiva “panamazónica”. Es esta óptica la que debería orientar la gobernanza de las políticas públicas en la Amazonia por parte de los diferentes países de la región.

CINDES, Septiembre de 2013

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s