Cambio climático: ¿la arrogancia de la modernidad encontró su límite?

Nota de opinión


El pasado 22 de abril se celebró el Día de la Tierra. Para conmemorarlo, un sinfín de homenajes e infinidad de mensajes circularon por las redes sociales, los medios de comunicación y blogs. Al igual que otros días que celebran/homenajean causas nobles, el Día de la Tierra busca además hacer un llamado de atención sobre la necesidad de que tomemos conciencia ante un problema tan serio como urgente: la degradación ambiental.planeta y aire acondicionado Queda la sensación, sin embargo, que el Día de la Tierra es uno más de esos días que no llegan a ser suficientes para compensar las vulneraciones cometidas durante el resto del año. Mientras, la conciencia acerca del problema no parece acercarse lo suficientemente rápido como para dar respuestas oportunas al tema. Así, la toma de conciencia por parte de la población es inversamente proporcional a la gravedad del problema. Es decir, el problema ambiental es de una grandeza tal, que la gran mayoría de la población se torna ciega y sorda. En ese sentido, el antropólogo brasileño Eduardo Viveiros de Castro hace referencia al pensador alemán Gunther Anders (1902-1922) y explica tamaña alienación. Según Viveiros de Castro, el problema ambiental es un “fenómeno supraliminar”. Es inmenso, son tantas las variables en juego, tanto lo que hay que cambiar, tan cercana la catástrofe y nuestra eventual desaparición, que provoca esa suerte de anestesia y parálisis. Las variables en juego han desencadenado distintos argumentos, que permitieron la evolución de los dilemas sobre los fenómenos climáticos a lo largo de los siglos. De hecho, la discusión entre Voltarie y Rousseau, sobre la causa de los fenómenos climáticos por ocasión del terremoto de 1755 que destruyó la ciudad de Lisboa, planteaba alternativas sobre las causas de los desastres climáticos – acción humana, acción divina o naturaleza – y sugirió una reconfigurando la imagen de Dios. Actualmente, en pleno siglo XXI, parecería ser que se han superado los dilemas acerca de las causas de los fenómenos climáticos y el foco está puesto en las consecuencias. En ese sentido, se consolida la fe en que la Ciencia (como gran verdad irrefutable) será nuestra salvación, a través del desarrollo de más innovación y más tecnología. Sin embargo, raspando la superficie de las soluciones propuestas, los dilemas aún persisten. Cuando se piensa en un desarrollo más sustentable e inclusivo, el gran desafío sigue siendo las posibilidades de articular la dimensión económica y su enorme impacto con los aspectos sociales y ambientales. Ello es así, puesto que la naturaleza puede satisfacer las necesidades del hombre, pero no sus ambiciones. En ese sentido, se torna necesario un replanteo estructural sobre los modelos de consumo y producción para que, de la mano de la ciencia y mediante el compromiso y la intervención de los gobiernos, se pueda dar una respuesta efectiva al tema ambiental. De no ser así, el resto de las soluciones serán paliativas de corto plazo.

Juliana Peixoto y Diego Taraborrelli (RedLATN)

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